Eran poco más de las 10 de la mañana del 9 de agosto de 2008, sábado, tiempo de Juegos Olímpicos…, tiempo de ciclismo, tiempo de Samuel Sánchez.

El ciclista asturiano, nacido en 1978, había dominado desde que apenas levantaba un palmo del suelo, las carreras ciclistas nacionales; y ahora, con 37 años, es historia de la bicicleta.

Todo el mundo recuerda sus cabalgadas vestido de “Naranja Euskaltel”, los rojos lunares que le acompañaban en el tour, todas las veces que levantaba los brazos por el norte de la península… Profesional desde que Miguel Madariaga lo incorporara a las filas del Euskaltel-Euskadi allá por el 2000. Su primer año fue difícil, una lesión y la muerte de su madre frenaron lo que podía haber sido la explosión temprana de un ciclista que, desde ese mismo día, ha luchado como nadie, por él, por su gente, por el ciclismo.

Etapas en Dauphiné, Vuelta, Volta, Klasika de Primavera, Tour, maillot de la montaña, Vuelta al País Vasco… MEDALLA DE ORO DE UNOS JUEGOS ¿Qué le falta a Samuel Sánchez?, pocas cosas que ganar, y sobre todo, que demostrar.

Este artículo es para conmemorar aquella medalla olímpica, hace 7 años que Samuel Sánchez lloraba tras cruzar la línea de meta en Pekín, una mañana brumosa y calurosa; Samuel ganaba tras un circuito de 254,4 km, muy duro de recorrido y bien aprovechado por los ciclistas, en una jornada de las denominadas como épicas.

Cuando aquí eran las 5 de la mañana y casi todos los españoles dormían plácidamente, yo me desperté fruto de unos ruidos que mi padre hizo, ¿dónde iba? me pregunté… luego lo entendí, a ver el espectáculo de la bicicleta. Con apenas 10 años, fue la primera prueba que vi entera, y gracias a que lo hice, he vivido grandes experiencias viendo horas y horas de la serpiente multicolor. Gracias a Samuel Sánchez por esa carrera, por esa madrugada que me marcaría, un amanecer ciclista que voy a recordar…

Como ya he dicho, en Pekín ya era media mañana, cuando en España nos quitábamos las legañas y encendíamos la televisión: primer día de Juegos tras la ceremonia de apertura. La noche anterior 5 atletas españoles no desfilaron tras la bandera de su país siguiendo a Joan Llaneras, el también ciclista, pero de pista… Sus nombres eran conocidos por todos, Alejandro Valverde, Alberto Contador, Carlos Sastre, Oscar Freire, y el protagonista, Samuel Sánchez.

Cinco colosos en su deporte ansiosos de conseguir los preciados metales al día siguiente, pero a pesar de la propia rivalidad que se hacía, ya saben, como dicen: “muchos gallos”, había otros ciclistas de renombre en el pelotón: Cancellara, Rebellin, Bettini, Voigt, unos hermanos apellidados Schleck, lo dicho, lo mejor de cada casa.

En apenas 60 km de recorrido, y tras varios intentos de fuga, se consolidó un interesante grupo en cabeza. Formado por 26 ciclistas y donde destacaban nombres como Voigt, Kreuziger y nuestro Carlos Sastre. El comienzo del día se intuye, minutadas que se recortan, fugas en solitario, para arriba, para abajo, tira tú, me descuelgo… eso sí, a un ritmo vertiginoso.

Por detrás comenzaban los movimientos de Italia y España, nosotros pusimos a tirar a Freire, pero por poco tiempo… Óscar estaba enfermo y no rendía al alto nivel que se esperaba de él, y casi en el ecuador de la prueba, puso pie a tierra.

Quedaban cuatro componentes a mitad de carrera, Valverde y Samuel como favoritos en el pelotón, Sastre escapado y Contador de aguador, demostrando compañerismo y asumiendo que las pruebas de un día… no son lo suyo.

Tras neutralizar a Sastre y su grupo, y tras varios intentos de escapada más, el duro trabajo de Contador y del propio Carlos conseguirían reagrupar por fin a todos los ciclistas. El pinteño, enfermo, exhausto y desgastado tras una eterna persecución, abandonó la prueba.

Últimos 20 kilómetros, carrera lanzada, los españoles bien colocados, atentos a cualquier movimiento, solo quedan tres de los nuestros, tres guerreros, Valverde, Samuel y Sastre, este último muy sofocado por el esfuerzo y la contaminación china.

Se formó un quinteto, increíble de calidad:

  • Andy Schleck
  • Michael Rogers
  • Alexandr Kolobnev
  • Davide Rebellin
  • Nuestro Samu

En los numerosos repechos del recorrido, bien flanqueado por la Gran Muralla, atacó el menor de los hermanos Schleck, y a su rueda fueron Samu y Rebellin. Por detrás se formaba otro grupo perseguidor con Evans, Valverde y Cancellara como figuras destacadas.

Apenas 13 kilómetros, alcanzan la cota más alta, mucha tensión, mucha igualdad; Cancellara ataca y pesca a los dos descolgados para situarse en cabeza con Schleck, Rebellin y nuestro ciclista, nuestro Samu.

Cinco nombres, tres medallas, pero solo uno escribirá en la historia del ciclismo; un kilómetro, pica hacia arriba, un sprint… Cien metros, Kolobnev lanza la llegada, Rebellin le sigue, Samu aguanta… Cincuenta metros, mete un piñón más el asturiano, se desmarca, ve la línea, la atraviesa, llora, grita, se abraza con Contador, ha ganado… EL ORO ERA PARA SAMU.

Lloró y lloró, y entre tanta celebración, más lágrimas, recordaba a su madre, aquella que le faltó a su lado, pero que le dio fuerzas y ganas en la vida.

No soy objetivo, lo sé, no puedo serlo, ni siquiera Samu es objetivo en el ciclismo, todo sentimiento, todo un ciclista.

 

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